tierra de peñascos

TIERRA DE PEÑASCOS PEÑUELAS

 

 

 

 

 

Si alguien de afuera lo bautizara, tal vez le pondría “Pueblo Cercado de Colinas”. Como una verja, éstas lo atrapan y lo protegen. Nunca lo habíamos visitado y lo hicimos por su entrada más lejana, después de pasar el pueblo de Guayanilla. Las viejas instalaciones de las petroquímicas, hoy vacías, le ofrecen una fachada de tumba impresionante. Pero cuando se va llegando al brillo del pueblo, todo resplandece bajo el fulgor de un verde, que casi lo cubre.

 

La entrada más lejana nos permitió disfrutar de antiguos ingenios que con los flamboyanes en flor ofrecen una buena recibida. El pueblo tiene las calles bastante anchas y largas. Por una de sus entradas, la más cercana, una montaña, casi fallaron, se impone después de pasar un puentecito. La tarde estaba soleada y la gente caminaba apresuradamente por la calle principal frente a la Iglesia.

 

La Iglesia del patrono San José a primera vista no deslumbra, pero cuando uno se queda frente a ella o frente a uno de sus lados por largo rato, va surgiendo de su viejo techo de planchas de zinc como una mística que se refleja en los montes que tiene al frente. Tiene algo de vieja, que la hace encantadora. Detrás, una ermita que recuerda la antigua construcción de mampostería. Su forma de enorme ranchón le da un toque especial que contrasta con el viejo Cristo que ondea en sus interiores.

 

La Plaza tiene un área recreativa para niños con una pirámide y con columpios. Por detrás de la Iglesia se encuentra una vieja locomotora que le da un toque pintoresco. Desde la Plaza se observan unos montes con unas casitas en sus topes. Hay un monumento al soldado y un enorme reloj.

 

Peñuelas fue centro de ingenios porque su tierra es muy fértil. Ingenios como “La Buena Vista”, “La Dolores”, “Pepita” y “La Buena Fe”. Pueblo de trabajadores. Fueron ellos los que, buscando el pan para sus hijos, se llegaron hasta la bahía del Tallaboa y fundaron una comunidad, hasta que en el 1815 fue declarado Municipio de Tercera Clase. Pero ya mucho antes habitaban por allí otros trabajadores, padres de los valerosos pescadores que siempre ha habido en Peñuelas. Éstos tenían nombres de Guaypao, Guayaney o Guaraca.

 

Uno de los atractivos de Peñuelas son sus ríos y saltos de agua. Pudimos ir al Charco de la Soplaera, en el Barrio Jaguas, y es simplemente espléndido. Ríos con historia como Tallaboa, con el Salto Garzas, los ríos Barrizal, Guayanés, Joya y Jobos.

 

Pudimos conversar con la amable gente de este pueblo de valles y colinas. Algunos echan de menos los empleos de las petroquímicas y otros prefieren la no contaminación que disfrutan ahora, luego de intensos azotes que ni las colinas pudieron detener. La vida en los diferentes barrios, con nombres de Tallaboa y apellidos como Saliente y Poniente, transcurre alrededor de las escasas tierras cultivadas.

 

Vale la pena desviarse del expreso y sumergirse en la plácida belleza de este pueblo, detenerse un rato en su antigua Iglesia, y permitirle a ésta que emane su encanto y misticismo, rodeado de vigilantes colinas; conversar un ratito con su simpática gente; a comprar frutas de algún puesto; dejar que sus niños jueguen en la plaza y llevarlos a admirar la enorme locomotora o entrar a la imponente Iglesia. Conozca a sus pueblos, no se arrepentirá y se sentirá muy bien.

 

 

 

Por Coqui Santaliz